Para qué sirve lijar las piezas de grifería sanitaria

Cuando vemos los grifos en los baños de hogares y locales, la apariencia que tienen es perfecta y su estética, totalmente cuidada. Para llegar a ese estado, las piezas de metal que componen los grifos deben pasar una serie de procesos, el lijado, pulido y cromado de metales, necesarios para conseguir que su acabado final sea el deseado.

Repasamos esos procesos y explicamos qué aporta cada uno de ellos a la pieza para que el resultado sea el buscado.

Lijado de metal

Es la primera fase del proceso y consiste en aplicar, sobre una superficie metálica, un material granulado y abrasivo que consiga eliminar cualquier imperfección que pueda presentar la pieza. El lijado del metal puede llevarse a cabo de dos formas: manualmente o con la ayuda de robots.

La primera de las opciones permite tener en cuenta todas las características particulares de la pieza que se trabaja, mientras que la segunda de la formas, la robotizada, implica una mayor rapidez y efectividad en el proceso.

Pulido de metal

Tras una primera fase de lijado, pasamos al pulido del metal. En esta ocasión trataremos de unificar la superficie y hacer que sea uniforme. Igual que ocurre con el proceso de lijado, el pulido también puede realizarse de forma manual o robotizada, y aporta a la pieza un brillo y una dureza característicos.

Cromado de metal

Por último, efectuamos el cromado y niquelado de la pieza, una etapa en la que el metal va a adquirir su dureza y brillo final. A través de la inmersión de la pieza de grifería en sucesivas capas de cromo y níquel se conseguirá el resultado final deseado.

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